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Una preparación por módulos

La idea en que se basa el PTI es simple: si de lo que se trata es volvernos más proclives a los “accidentes”, cuantas más dimensiones del cuerpomente ejercitemos, más transparentes se harán para lo divino y más proclive al accidente se tornará el individuo. Por lo tanto la PTI procura ejercitar simultaneamente muchos de los principales aspectos de las dimensiones grosera, sutil y causal. Dicho de otro modo, procura ejercitar las dimensiones física, emocional, mental y espiritual del Ser, y hacerlo en sus relaciones con los demás y con el mundo en general (incluídas la comunidad y la Naturaleza).

Podemos concebir esto como un tipo de preparación por módulos. Digamos que hay seis columnas, que representan lo físico, lo emocional-sexual (prana o chi), lo mental o psíquico, lo contemplativo o meditativo, la comunidad y la Naturaleza. En cada columna encontraremos numerosas prácticas provechosas para esa dimensión. Por ejemplo, en la primera columna (lo físico) podemos tener ejercicios aeróbicos, levantamiento de pesas, dietas sanas, natación, etc. En la segunda columna (prana o chi), tendremos tai chi chuan, hatha yoga, chi kung, etc. En la tercera (lo psíquico), visualizaciones, reafirmaciones positivas y diversos tipos de psicoterapia. En la cuarta (lo contemplativo), zazen, vipassana, autoindagación, plegarias de centramiento, etc. En la quinta (la comunidad), varias clases de servicios comunitarios, atención en asilos, ayuda a los sin techo, cuidado compasivo y participación con los demás. Y en la sexta (la naturaleza), actividades de reciclaje, excursiones, celebración de los fenómenos naturales, etc. La idea de la PTI es sencilla : escoger una práctica de cada columna como mínimo y practicar todas estas cosas a la vez. Cuantas más dimensiones se ejerciten, más eficaz se tornará la práctica y más posibilidades tiene uno de convertirse en un alma proclive a los “accidentes”.

Sin embargo, no debemos olvidar esto : todas estas prácticas pertenecen a los reinos relativos y unicamente pueden brindar verdades relativas. Sería preocupante que se transformaran en un nuevo campo de juego para el ego; y sin duda alguna eso puede suceder. ¿Qué tiene de novedoso? El ego se adueña de cualquier cosa, incluído el satsang con un maestro perfecto, y lo deforma regiamente con el fin de extender su poder y sus alcances.

Acabo de concluir un manuscrito llamado Boomeritis (La enfermedad del éxito). Es una crónica de las diversas maneras en que el ego puede apoderarse virtualmente de cualquier cosa (desde la física hasta la teoría de los sistemas, la meditación o las grandes sabidurías tradicionales) para aprovecharla a favor de su juego de dominio. Ya hemos oído la cantinela: “He inventado el nuevo paradigma que dará lugar a la mayor transformación en la historia del mundo”; “He creado el mejor camino espiritual jamás concebido”; “Soy parte de la nueva cultura integral, muy superior a todo lo que la precedió”; “Tengo…”; “Logré …”. Andrew Cohen señaló que los “nuevos” enfoques de la espiritualidad (incluída la psicología transpersonal y la PTI) con frecuencia no son otra cosa que nuevas formas de la “enfermedad del éxito”. Coincido absolutamente.

La actitud emocional de los afectados por la enfermedad del éxito suele ser esta: “Que nadie me diga lo que tengo que hacer!”. Y no hay duda de que la índole de la PTI, que permite escoger entre varias alternativas puede promover de manera directa dicha enfermedad.

La espiritualidad degenera entonces en el modelo de las charlas de café tan prevaleciente en nuestra cultura: “A ver, tomaré un poco de esto, un poco de aquello, un poco de la nueva física, un poco de respiración holotrópica, una porción de pequeñeces tribales indígenas, agregaré algo de teoría de los sistemas, a ver … ¿qué más?, ciertos rituales de la Diosa y … este … unas gotas de chamanismo y dos vasos de ayahuasca. Qué grande! Ya estoy tan iluminado que no me soporto a mí mismo”.

Recordemos, empero, que todos estos juegos ególatras no son sino un uso equivocado de los caminos relativos en general y de la PTI en particular. Una de las virtudes de la PTI es que vuelve al cuerpomente relativo más sano. Ya hay considerables pruebas científicas de que prácticas como la PTI hacen retroceder casi una década el proceso de envejecimiento y reduce en grado significativo la incidencia de cardiopatías, accidentes cerebrales, diabetes y la mayoría de las enfermedades degenerativas. Por cierto que esto no va a provocar la iluminación! Pero Sí permitirá dos cosas: hará que nuestro cuerpomente relativo sea mucho más sano en sí mismo y contribuirá a nuestra propensión a los “accidentes”. Entonces, en presencia de un auténtico maestro tal vez sea más probable que confesemos y admitamos nuestra iluminación, que reconozcamos directamente que mi maestro es mi Ser.

Es muy difícil hacer satsang desde una silla de ruedas, o si uno ha tenido un accidente cerebrovascular o está confinado a una cama de hospital. La PTI sólo abarca el reino relativo pero lo torna más sano y en consecuencia más fácil de ser liberado –facilita la comprobación de que nuestro Ser real “se ha desembarazado de su cuerpomente”-. Si el vehículo relativo tiene deteriorada la salud, o está dolorido o incómodo, el chirriar de las ruedas demanda el aceite de nuestra atención; pero si funciona bien es más fácil para el Ser desprenderse de su apego al cuerpomente individual y desplegarse en la vasta expansión del espacio total donde encontrará su siempre presente hogar.

Al mismo tiempo, cuando uno despierta a la verdad absoluta no es mucho lo que eso ayuda al vehículo relativo. Uno puede despertar al espíritu radical y al Ser puro pero eso no le permitirá realizar con su cuerpo acrobacias atléticas, comprender con su mente la física cuántica, transformar su personalidad y dejar de ser un ganso para pasar a ser dueño de un refinamiento exquisito ni conseguir un nuevo empleo.

Todo lo que hace el Sabor Único es sortear todos los vehículos relativos y dejarlos tal y como los encuentra, por consiguiente para mejorar estos vehículos hay que dedicarse a ellos; si queremos que sean la vidriera translúcida y brillante de nuestro Ser iluminado, tenemos que pulirlos en el plano relativo. En esto la PTI puede ser de gran ayuda; al aligerar la densidad del vehículo relativo, la torná más transparente a los divino. El problema es que demasiados enfoques no ofrecen otra cosa que estas prácticas relativas y se olvidan de lo absoluto. Es un hecho cierto y muy triste.

Esta advertencia se aplica asimismo a las etapas sucesivas del reino relativo. Amplios estudios interculturales han demostrado que en los reinos relativos (grosero, sutil y causal) los individuos suelen avanzar recorriendo diversas etapas, incluídas las cognitivas, afectivas y morales. Ellas no existen en el plano absoluto, solo en el relativo; y hay abundantes pruebas. Pero nadie debería confundir estas etapas relativas con la verdad absoluta, y en consecuencia con la liberación infinita.

Un experimento simple pero complejo.

Muchos maestros iluminados suelen atravesar dos fases, por así decir, en sus enseñanzas. La primera fase se caracteriza por la ofrenda pura del Sabor Único y nada más, una ráfaga o explosión de conciencia pura y de verdad absoluta, que lleva a desechar todas las prácticas y vehículos relativos. No obstante, esto resulta ineficaz –para muchos aprendices llegar de entrada a esa confesión es demasiado-, y aún cuando funciona, suele acarrear resultados desparejos: así se ve gente despierta a la conciencia pura pero que no es capaz de conseguir un empleo. De ahí que tales maestros pasen a una segunda fase, en la que de hecho recurren a algún tipo de PTI o de práctica que incluye vehículos tanto absolutos como relativos. Por ejemplo, Adi Da y Chogyam Trungpa: ambos comenzaron enseñando “sólo Dios” y terminaron enseñando las Siete Etapas y los Nueve Vehículos, respectivamente.

Lo que me parece alentador es que en este momento histórico tanto los maestros como los discípulos que buscan la iluminación están envueltos en un grandioso experimento. Nunca estuvieron las “tecnologías del crecimiento” tan disponibles como ahora. No sólo tenemos acceso a todas las formas de psicoterapias occidentales y a las técnicas del potencial humano sino también a virtualmente todas las grandes tradiciones de sabiduría del mundo. Y participamos en este experimento, “simple pero complejo”, que consiste en equilibrar todos estos enfoques incluídos los relativos y los absolutos, y encontrar la mejor manera de despertar a nuestro Ser siempre presente para luego, de una manera compasiva y hábil, expresar esa realidad última en el mundo relativo balanceando en cada uno de nuestros gestos y actos el samsara y el nirvana. Estamos involucrados en este grandioso experimento de equilibrio, este grácil reconocimiento de que, en cada movimiento que hacemos, somos tanto lo uno como lo múltiple.

Al reconocer esto, estaremos en el mundo pero no seremos de él, porque el mundo estará en nuestro Ser. Moremos entonces en el Ser aquí y ahora, y reparemos en esto: las nubes flotan en nuestra conciencia, y somos todo eso. El sol brilla en nuestra conciencia, y somos todo eso. Los pájaros vuelan por nuestra Gran Mente, y somos todo eso. La Tierra emerge a nuestro conocimiento, y somos todo eso. Nuestro yo real no está en el mundo en lo más mínimo, pero el mundo fluye a través de él y dentro de él, y lo abrazamos entero. Dentro de nuestro Ser surge el mundo y somos uno con cada uno de sus habitantes, implacablemente unidos por la compasión y por la cordialidad de un solo gesto de ese Ser único que nos constituye más allá del tiempo y para siempre.


Extracto de un artículo publicado por la revista What is Enlightenment? publicado por la revista Unomismo
Traducido por Leandro Wolfson.

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