A decir verdad, nadie conoce en verdad todos los factores
que pueden ayudar a la iluminación; si los conocieran, a esta
altura ya estaríamos todos iluminados. Por otra parte, muchos
de los estados que se consideran “iluminados” pertenecen
en rigor al reino sutil o al causal. Son por cierto experiencias extraordinarias –luminosidades,
sonidos interiores, estados amorfos, bienaventuranzas, éxtasis
expandidos-, pero todas tienen un comienzo en el tiempo. El Testigo
no lo tiene, porque está siempre presente. De hecho, la iluminación
es lo único que jamás comienza.
En suma, no es cierto que un día nos “iluminemos”;
todo lo que ocurre es que una mañana nos despertamos y nos confesamos
a nosotros mismos que siempre hemos estado jugando a las escondidas
con nuestro ser. Si ése es el juego que jugamos, ciertos “factores
facilitadores” pueden formar parte del juego, hasta que nos cansamos
de ellos porque nos resultan inútiles, nos fatigamos de la gran
búsqueda, admitimos la imposibilidad de volvernos iluminados
y nos damos cuenta de que ya lo estamos, morando como el ser atemporal
que siempre hemos sido, sonriendonos ante el repentino acontecimiento
de que mi maestro es mi ser, y de que hasta entonces estuvimos mirando
en la ventana cósmica nuestro reflejo.
Verdad absoluta y verdad relativa.
Las grandes tradiciones suelen establecer una distinción
entre la verdad absoluta y la relativa. Esta última tiene que
ver con el mundo manifiesto dualista común, el mundo del samsara,
en tanto que la verdad absoluta tiene que ver con la verdad infinita,
ilimitada, suprema e incalificable del nirvana. Estos dos mundos, samsara
y nirvana, no son dobles, no son duales: pero la distinción
es útil.
El mundo relativo incluye los reinos grosero, sutil y causal. Todos
ellos son dualistas, pues encarnan alguna variante del dualismo sujeto-objeto.
Hasta el reino causal o amorfo es dualista porque está separado
del reino de la forma. Así pues todos esos estados extraordinarios
de conciencia que se pueden practicar o alcanzar sólo se ocupan
del mundo relativo, dualista, por más que sean maravillosos.
Absolutamente todas las prácticas espirituales abordan la verdad
relativa. Todas ellas incluyen senderos, caminos, técnicas y
prácticas que pueden sernos muy eficaces para alcanzar los estados
groseros, sutiles y causales, las cuales pueden ser muy beneficiosas
en sí mismas. Pero la iluminación aborda la verdad absoluta,
y no existe camino, técnica ni práctica (ni siquiera
la PTI) capaz de llevarnos hasta aquello que ya está aquí.
Esos caminos a menudo confunden las prácticas relativas con
la iluminación absoluta. En otras palabras, ofrecen diversos
tipos de consuelo y sutiles trasposiciones yoicas, en vez de una transformación
radical y un reconocimiento puro del ser. Además, todas esas
prácticas relativas no son más que sutiles (o no tan
sutiles) maneras que tiene el ego de seguir jugando su juego de control
del universo, y, por lo tanto, a veces hacen más daño
que bien.
Pero el hecho de que estas prácticas sólo se ocupen de
lo relativo no implica que no brinden beneficios. Veamos con un poco
más de detenimiento qué pueden y qué no pueden
hacer esas prácticas.
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