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Toda práctica espiritual es relativa
Ken Wilber

Las grandes tradiciones de la sabiduría universal suelen sostener que la realidad consta de por lo menos tres grandes reinos: el grosero, el sutil, y el causal (Nirmanakaya, Sambhogakaya y Dharmakaya).
El reino grosero es el del cuerpo material y de las actividades sensomotrices, el mundo que podemos percibir con nuestros sentidos físicos en estado de vigilia. El reino sutil es el de la mente y sus Wilberdespliegues, que aparecen vividamente en los sueños, en ciertos estados de meditación y –se dice- en los bardos o reinos de la vida después de la muerte. El reino causal es de la conciencia amorfa pura, ilimitada, radicalmente libre y plena.

Todos lo experimentamos en el estado del dormir profundo sin sueños (que es una pura ausencia de forma, sin objeto), pero este reino solo entrega sus secretos finales cuando se ingresa en él con plena conciencia, lo cual acontece en algunos estados de meditación profunda, en diversos tipos de satori o despertar inicial, y en los vastos estados de la conciencia ilimitada.

Sin embargo, esas mismas tradiciones afirman que, más allá de los tres grandes reinos, hay un cuarto estado (Turiya), que es el del Testigo siempre presente o Ser puro, la gran mente-espejo que asiste de modo imparcial a los estados de vigilia, del soñar y del dormir profundo sin sueños, pero que no constituye en sí un estado separado. Es el testigo de todos ellos, no va ni viene como ellos.

Los estados extraordinarios de conciencia pueden alcanzarse y practicarse en los reinos grosero, sutil y causal, pero el Ser, el Testigo, no puede alcanzarse ni practicarse pues está siempre presente. Como decía a menudo Sri Ramana Maharshi: “Si el Ser pudiera alcanzarse, eso significaría que no está aquí y ahora, sino que debe obtenerselo. Pero lo que puede obtenerse, también puede perderse. Sería entonces impermanente. De nada vale esforzarse por alcanzar lo que no es permanente. Digo, entonces, que el Ser no se alcanza: tú eres el Ser, tú ya eres Eso”. No podemos lograr la iluminación o llegar al Ser así como no podemos “lograr” nuestros pies o llegar a nuestros pulmones.

WilberLas nubes flotan en nuestra conciencia, las ideas en nuestra mente, los sentimientos en el cuerpo, y uno es Testigo de todo ello. El Testigo ya funciona a pleno, plenamente despierto y presente. El Ser iluminado ya está presente ciento por ciento en la percepción que el lector tiene de esta página. El espíritu iluminado es aquello que lee estas palabras en este mismo instante. ¿Podemos acercarnos más a él? ¿Para qué salir a buscar al que busca? La gran búsqueda de iluminación no es sólo una pérdida de tiempo sino una colosal imposibilidad.

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